
Con silencios le pedía a gritos ya no más. Aún asi, escuchandola gritar desesperada con sonidos sordos, jamás se detuvo, jamás intento minimizarle el dolor y siguió causándole daño, sin importarle nada mas que sus propias lagrimas, sin darse cuenta del agujero negro que le causaba en su interior, durante años le desgastó el alma. Tanto así, que llego el día en que aquella mujercita desgastada ya no tuvo ganas de verla siquiera, por todo el dolor y angustia que le causo año tras año sin un respiro, no tuvo mas ganas de saber de ella, si estaba bien, mal, no le importaba saber si estaba,o si ya no...y así también llego el día en que ya no tuve mas ganas de decirle Mamá